martes 10 de noviembre de 2009

Blink 500mg


Existe un lugar en el que las cosas son diferentes. Mejores que aquí. Me cuesta mucho ponerlo en palabras doctor. Son demasiadas sensaciones juntas. Demasiados estimulos. Todos los sentidos se entrelazan. Confundo los aromas con los sónidos. Por momentos creo poder saborear los colores. Nada tiene lógica en este lugar. ¿Me entiende?

Si, está muy claro Héctor*. Es una descripción muy interesante la que haces de blink He tomado nota y seguiremos trabajando. ¿Y tú Luis*? ¿Como te ha ido anoche? ¿Sigues con los mareos?



Sí. Los primeros quince o veinte minutos una vez que me levanto. Bueno. Jejeje. Una vez que me despierto. Lo que describe Héctor es exactamente lo que me pasa a mi. Un cosquilleo. Primero una lluvia de sensaciones que se transforman en una tormenta. El cuerpo parece amalgamarse con el entorno. Como si todos fuesemos parte de algo mas grande. Partes de un todo.

Bien. Recuerdáme que mañana te baje un poco la dosís. Me parece que estamos yendo muy rápido contigo.


*Héctor Fernandez es no vidente. Perdió la vista en un accidente laboral hace casi cinco años.
*Luis Cendón sufre de una parálisis que lo tiene empotrado en una silla de ruedas de por vida.

(¿sigue?)

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miércoles 14 de octubre de 2009

D.I.O.S Sociedad Anónima


"Estoy cansado de D.I.O.S" confesaba Jesús mientras escarbaba su nariz con el dedo meñique y terminaba de beber su cuarta cerveza.

Le esbocé una de esas sonrisas que uno le esboza a los locos o a los ancianos seniles y seguí preparando otro trago.

"y no soy el único eh!" insistió ya con un tono mas enérgico.

Levanté la mirada y con ella traté de hacerle entender a Jesús que no me importaba demasiado su relato y su tortuosa relación con D.I.O.S

Evidentemente no se dio por aludido ya que siguió despotricando, cada vez con mas vehemencia, contra D.I.O.S

"Juan, Pedro y Pablo están con parte de enfermo y el resto de los muchachos no puede con tanto trabajo. Encima Simón está de vacaciones y Mateo se fue de luna de miel"

Decidí prestarle atención al pobre Jesús. No mucha. La suficiente como para tratar de entender de que carajos me estaba hablando ya que me llamaba poderosamente la atención que todos sus compañeros tuvieran los nombres de los apóstoles y que trabajaran en un lugar llamado D.I.O.S

Mientras le destapaba otra cerveza, la quinta, le pedí que me contara un poquito mas acerca de D.I.O.S

"¿D.I.O.S?. ¿Quieres que te cuente de D.I.O.S?" preguntó mientras se acomodaba la corbata buscando la compostura que ya había perdido hacía un rato largo.

D.I.O.S es una empresa. Es la culminación de una idea disparatada que tuvimos con Andrés hace un par de años mientras jugábamos al poker en mi casa. Andrés es una persona que maneja muy bien el tema de la informática. Demasiado. Entre nosotros, el tipo es hacker...y bueno se nos ocurrió armar a D.I.O.S.

"¿D.I.O.S?" - le pregunté con un aire de incredulidad a Jesús.

"Sí, D.I.O.S , Digital Image Online System. Nosotros podemos controlar todas las cámaras que existen en el mundo. Todas. Las de tránsito, las de los bancos, las de los comercios, las de las computadoras personales. Estamos en todos lados y vemos todo lo que pasa. Hasta lo que se le escapa al verdadero Dios."

Inmediatamente me di vuelta y miré la cámara de seguridad que tenemos en la entrada del bar. Me generó cierta paranoia suponer que esta gente nos estaba observando.

Jesús sonrió.

"¿Acaso crees en los milagros? ¿o eres uno de esos tantos que se aglutina domingo a domingo en la iglesia para agradecernos o maldecirnos por algún "desliz"?

"No." Le respondí. "No voy a la iglesia. Yo en realidad..."

"Vas con la competencia. Si. Ya se David. Se eso y tantas cosas mas que te harían poner muy nervioso y replantear un montón de esas costumbres un tanto extrañas que tienes" Sentenció el voyeur.

Me sentí desnudo. Observado como un microbio en el laboratorio. Menos que una ameba.

Jesús visiblemente lo disfrutaba. Algo en esa mirada reflejaba cierto grado de perversión. Mirada que bajó cuando su beeper emitió un chillido.

"Metro B. Estación Terminal. Suicidio inminente"

"Debo irme David. No toleraría llegar tarde otra vez. No nos lo permiten. A D.I.O.S no le gusta cuando nos equivocamos. Una cuestión de imagen ¿sabes?. Nunca falta un malagradecido que se pregunta ¿Donde estaba D.I.O.S cuando sucedió esto?...y no creo que les guste saber que la respuesta sea: en el Bar"

Jesús salió disparado a por un nuevo milagro.

Esa misma tarde desconecté la camara del bar.

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miércoles 7 de octubre de 2009

Fantasmas


Cuando nos cruzamos en la puerta del metro me di cuenta que algo no estaba bien.

La gente, como es costumbre, se agolpó e ingresó al vagón en manada sin tomarse la molestia de esperar a que yo bajara. Nada nuevo.

Lo que me erizó la piel fue no sentir los codazos que me propinan todas las mañanas en esta patética ceremonia de ir de la casa a la oficina. Hoy fue distinto. No sentí el contacto de esos cuerpos cansinos en su atolondrada marcha hacia quien sabe donde. Hoy los traspasé. Literalmente. Hoy mi cuerpo atravezó a la orda sin sentir el contacto. Como un fantasma que atravieza una pared.

Me quedé en la estación, petrificado, cuatro minutos. El tiempo que transcurrió hasta el arribo del siguiente tren. Se abrieron las puertas del vagón y , nuevamente, una estampida de oficinistas se abrió camino hacia la salida. Me quedé quieto. Inmovil. Parado como la represa que busca contener al embravecido rio. Una vez mas me pasaron por encima. Mejor dicho por adentro. No me sintieron y no los sentí mientras los cuerpos se fusionaban. Simplemente nos atravesamos.

(¿sigue?)

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viernes 11 de septiembre de 2009

Blink


Todo sucede cuando parpadeas y no cuando crees estar viéndolo todo con tus propios ojos.

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lunes 20 de julio de 2009

Luz


De pronto entendí o al menos creí entender.

Ceremonias y palabras tan repetidas que cargan en si mismas las marcas del paso del tiempo.

Mi abuelo solía encender una vela todas las noches al retrato de su amada y difunta esposa. No hubo una sola tarde en la que no repitiera el ritual ni siquiera cuando la salud también decidió abandonarlo.

Fueron muchas tardes y muchas velas. Cientas. Las suficientes como para generar una luz tan intensa que le permitiera a nuestros seres queridos guiarse entre tanta oscuridad. Que supieran que, de este lado, se los seguía recordando siempre. Hasta el día que la vela y nuestras vidas se consumieran juntas. Hasta que volviera a encenderse una cerilla que iluminara el camino que nos permitiera reencontranos con los que nos estaban esperando desde hacía tanto tiempo.

Cuando uno pierde a un ser querido basta con encender una vela para encontrarlo.

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jueves 2 de julio de 2009

Salón de belleza


Cuando Doña María nos juntó a todas en el hall sabíamos que no sería para felicitarnos.

El negocio no venía bien hacía rato y teníamos cada vez menos trabajo. La tan mentada crisis de la que se hablaba en las noticias había hecho escala también en nuestra querida Cochabamba.

Doña María tuvo que desanudar la garganta antes de poder decirnos que iba a cerrar el salón de belleza para siempre. No nos pudo mirar a los ojos ya que las lágrimas se lo impidieron. Con el hilo de voz que le quedaba nos pidió que, por favor, terminaramos de atender a la Señora Magdalena que, ajena a todo lo que estaba sucediendo, seguía leyendo una revista vieja sentada en el sillón.

Las tijeras de pronto parecían de amianto. Nunca en los trece años que trabajé en el salón me pesaron tanto. El suelo se fue llenando de canas y lágrimas mientras le iba cortando el pelo a la señora Magdalena. Ella solo hablaba de lo contenta que estaba con el nacimiento de su nieto y de lo espléndida que quería verse para poder ir a la clínica a ver a su querida hija. Mientras Alba le pintaba las uñas con las manos temblorosas, yo le teñía el pelo sabiendo que Magdalena sería nuestra última cliente.

Tanta era la alegría que derrochaba la anciana que terminó contagiandonos y logrando que sacáramos fuerza de no se donde para dejarla como una verdadera reina.

Ahora si que puede volver a casarse señora Magdalena - le decíamos, mientras se miraba fascinada frente al espejo. Nos agradeció una y mil veces y salió, casi desfilando, por las oscuras callecitas del barrio.

Barrí las canas de Magdalena y los rulos de la Señora Julia hasta formar una enorme bola de pelos a la que bauticé Tomasina. Lloré y seguí llorando. Inundé el piso de dolor. Colgué la bata por última vez en el gancho ante la atenta mirada de las modelos europeas con peinados raros cuyas fotos decoraban un salón que se quedaba en silencio con mil recuerdos y un puñado de mi vida.

Doña María apagó la luz del salón y cerró la persiana mientras nos alejábamos con Alba sin querer ni poder mirar para atrás.

Llegué a casa tarde y me senté al lado de la cama de Jesús, mi hijo y mi única razón para seguir peleando, en silencio.

A la mañana siguiente Alba golpeó a la puerta con buenas noticias. A Doña María, la dueña del salón, la había contactado el señor Justo que andaba necesitando gente con experiencia en esta cuestión del maquillaje.

El lugar no era lo que esperábamos. Oscuro, frío y silencioso. Muy diferente al salón de Doña María donde el ruido del secador de pelos y la música de la radio no nos permitían ni escucharnos a nosotras mismas.

Justo fue claro y nos explicó la manera en la que se manejaban las cosas en su negocio. Con Alba sabíamos que no teníamos muchas alternativas. Trabajo no era lo que llovía en estos días grises en Cochabamba. Apretamos fuerte los dientes y decidimos aceptar la propuesta.

Aquí no había posters de modelos europeas sonrientes y radiantes. Aquí sólo colgaba un crucifijo con un Jesús un tanto oxidado.

Don Justo abrió la puerta y nos pidió que nos preparáramos porque llegaba un cliente.
Con muchísima más ansiedad que la primera vez que atendimos en el salón de Doña María nos acomodamos las batas y los nervios.

Justo entró con la señora Magdalena y nos quedamos petrificadas.

Quiero que la dejen divina - exclamó Justo.

Se me cayeron todas las pinturas y todas las lágrimas que no había llorado anoche.

Alba, hipnotizada, comenzó a retocarle el cabello. Yo, temblando como una hoja, le retoqué las mismas uñas que le había arreglado la otra noche.

Mientras le pintaba los ojos le preguntaba por su nieto y por lo contenta que estaría de ser abuela. Por la alegría de una vida nueva.

Cuando terminamos nos quedamos mirando a la señora Magdalena en silencio, sin decirnos ni una palabra.

Don Justo entró al rato y nos felicitó por el estupendo trabajo. "Pero que hermosa que la dejaron señora Magdalena!" exclamaba con ese vozarrón que saben tener los que han vivido la vida a los tumbos. La señora sonreía con un gesto imborrable y eterno.

En la otra sala la esperaba la familia. Estaban todos. Incluso el recién nacido que se había quedado con ganas de conocerla.

Magdalena había muerto camino a la clínica y esa noche la estaban velando.

Lucía tan hermosa como aquel día que salió del salón desfilando por las callecitas de Cochabamba.

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martes 23 de junio de 2009

EL SOÑADOR



Está todo aquí dentro me decía el vendedor mientras apoyaba su dedo índice sobre su cabeza y sostenía, con la otra mano, el libro que , timidamente, le había solicitado.

"EL SUEÑO LÚCIDO: CÓMO MEJORAR SU VIDA MIENTRAS DUERME"

Estaba claro que, despierto, no me estaban saliendo bien las cosas. En la oficina no se me reconocía mi potencial y mi esfuerzo. Sin embargo yo estaba convencido que sacaba fotocopias como nadie. Incluso en doble faz.

Con las chicas nunca tuve suerte. De hecho nunca tuve. Ni chicas ni suerte. Con 40 años empecé a entender que la culpa no sólo era de la suerte sino también mía.

"El abc de la seducción: el arte de ligar" se había transformado en mi libro de cabecera. No salía de casa sin él. Seguí al pie de la letra cada consejo pero nada. El autor de este libro señalaba que "el error más común que cometen los principiantes es concentrarse en seducir primero a una mujer en lugar de atraerla. A menudo, para las mujeres hermosas, la seducción primero es poco más que el equivalente a decir: "No me conoces pero, ¿te acostarías conmigo?" Tomate tu tiempo y avanza con calma, de lo contrario, las mujeres huirán de ti. Y así fue. Huyeron todas.

Sabía que esta vez las cosas serían distintas. Lo supe desde el momento en que comencé a leer la contratapa del libro donde decía "Un manual completo sobre el arte de soñar. Incluye técnicas para controlar sus sueños y sacar el mejor provecho de ellos. Contiene, también, el sueño premonitorio más importante de la Historia. El sueño lúcido: cómo mejorar su vida mientras duerme es uno de los principales tratados sobre el control de los sueños. Mediante el uso de técnicas inéditas hasta ahora, el lector aprenderá a gobernar sus sueños y a superar pesadillas y ansiedades, conflictos de relación, bajo rendimiento en el trabajo o en los estudios, malos hábitos o problemas de salud física o mental (la autosanación). Esta obra de lectura imperdible incluye, además, el registro del sueño premonitorio que previó el atentado a las Torres Gemelas. El autor devela cómo se produjo esta histórica premonición."

Me quedé sin palabras. Por lo que acababa de leer y por lo que acababa de pagar.

Estaba visiblemente ansioso. Digo visiblemente porque por la transpiración se me habían dibujado dos aureolas en la camisa debajo de cada brazo. Seguía auyentando chicas. Pero por poco tiempo mas. Tenía ganas de dormirme. De comenzar a organizar mi vida.

Llegué a casa y subí corriendo las escaleras como un chico que busca reencontrarse con su juguete favorito tras volver del colegio. Iba por el tercer peldaño cuando mi madre, con la que aún vivo, me pegó un grito para que bajara a saludarla.

Me preguntó como me había ido en la oficina y que era ese olor tan desagradable. Me pidió que no me olvidara de cambiarle el catéter y que por favor le vaciara la bolsa de orina ya que esta se había desbordado. Una vez cumplidas mis nefastas obligaciones pude encerrarme en mi habitación, sin llave, claro está, y sumergirme en la lectura de mi nuevo libro.

Bajé las persianas porque el sol seguía inundando de luz mi habitación. Fui siguiendo meticulosamente cada uno de los consejos del libro haciendo particular hincapié en el capitulo sobre como "Incubar sueños".

Para incubar un sueño sobre un tema específico, se podría pensar primero en una frase que resumiera ese tema (por ejemplo, "Quiero ir a la Atlántida"). Puede ser útil escribir la frase en papel

Tomé el lápiz, escribí un par de lineas y me metí en la cama. No lograba conciliar el sueño. Pasaron siete horas hasta que, finalmente, caí rendido.

Recién al verme tan apuesto frente a un espejo entendí que ya estaba soñando. Estaba en la oficina. Reconocía cada uno de los rincones de ese oscuro lugar. Estaban todos mis compañeros y todos, sin excepción, me miraban con admiración mientras pasaba por los pasillos. Vestido con un traje que en la vida real no hubiese podido pagar ni trabajando 15 años, me movía con la gracia de un cisne mientras levantaba con una sola mano la fotocopiadora. Acto seguido entraba a la oficina del Señor Ordoñez, nuestro jefe, y dejaba caer el pesado artefacto sobre su cabeza dejando un esplendido baño de sangre en su ahora roja oficina.

Mi madre entra en escena y, muy gentilmente, la invito a no cagarme la vida también en sueños. Le aplico un certero puntapié a su silla de ruedas y disfruto viéndola rodar por las escaleras mientras sus bolsas de orina estallan transformándose en una fantástica fuente dorada.

Las chicas de la oficina sonríen como nunca jamas lo hicieron. Me miran con deseo. A mi. Animales en celo.


Sueña, sueña, sueña y se aferra a este mundo que gira a su alrededor. Tan grande es su anhelo que decide no abandonarlo nunca más.

Al pie de su cama, testigos de su despedida, quedan un frasco de pastillas para dormir vacio y la nota que escribió antes de incubar su ultimo sueño.

"Quiero ser feliz"

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miércoles 17 de junio de 2009

Cochinadas - Segunda parte

Con el correr del tiempo mi plan de aislación comenzó a hacer agua.

De alguna u otra forma "la realidad" lograba escurrirse por debajo de la puerta.

Me resultaba cada vez mas dificil establecer una conversación coherente limitandóme a hablar del tiempo y de la comida. No sólo por lo complejo de la tarea sino porque nadie quería ya sentarse a comer conmigo en la oficina. Me miraban raro, primero, y luego esbozaban una sonrisa tan falsa como la realidad en la que me había envuelto.

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jueves 4 de junio de 2009

Cuatro Minutos


Me desperté, abrí los ojos y solo atiné a pensar que seguía soñando.

Lo que sucedía ante mi mirada incrédula sólo podía ser fruto de una alucinación digna de Dalí o de una versión pobre de alguna película de cine catástrofe de los setenta.

Gente gritando, llorando y rezando. La cabina se había transformado súbitamente en una iglesia, en una sinagoga y en una mesquita itinerante. Dios, Alá, la Virgen y todos los Santos pasaron a ser la música funcional, la banda sonora de esta pequeña tragedia. No faltaron los herejes que, a falta de devoción religiosa, invocaron a la putisima madre que los parió y a su cagada suerte.

Yo opté por quedarme en silencio. Tratando, infructuosamente, de desconectarme de lo que estaba pasando. No como queriendo no estar ahí sino como deseando que todo el mundo cerrara su maldita boca. ¿Como poder pensar en mis seres queridos si la vieja del asiento 27B me estrujaba el brazo como si quisiera llevárselo consigo?. ¿Como poder asimilar lo que estaba sucediendo si las azafatas, en un claro acto de bloqueo mental, seguían repartiendo la comida?.

Le apliqué un certero codazo a la vieja que quería llevarse mi brazo para poder levantarme de mi asiento. De alguna forma me lo iba a agradecer. Le partí el tabique, es cierto, pero la dejé desmayada y soñando con los angelitos. Le evité tener que soportar lo que se venía.

Me fui sacando gente de encima a los golpes. Peor que una persona desesperada y anulada por la inminencia de lo inevitable son 288 personas en ese estado. Contra ellos fui arremetiendo hasta poder llegar al baño. Mientras apretaban sus crucifijos contra sus pechos me miraban como no pudiendo entender como alguien, en su sano juicio, pudiera tener ganas de ir al baño en un momento semejante.

Pues bien, yo no estoy en mi sano juicio y canalicé la desesperación por vía intestinal.

Robé una botella del mejor vino que encontré en el carrito de la azafata, le di un beso en la boca, me dio una cachetada y me encerré en el baño.

Había encontrado la paz que necesitaba. El caos y el griterío habían quedado del otro lado de la puerta. Quedamos yo y mis flatulencias.

Mientras me encogía, como anticipando el impacto y como si con eso pudiera amortiguar el golpe, bebí en tres sorbos la botella y coroné el cuadro encendiendo un habano con la tranquilidad y destreza con la que lo haría un enfermo de parkinson.

Me miré al espejo y traté, con esfuerzo, de pronunciar las palabras con las que me despediría de este mundo.

"Siempre haciendo cagadas"

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jueves 30 de abril de 2009

Cochinadas


...Se determinan la suspensión trabajos y servicios no esenciales de los sectores productivos, en todo momento se garantizará la producción de alimentos, medicinas y bienes y prestación de servicios indispensables para la población, por lo tanto se mantendrán abiertos mercados, supermercados, servicios de transporte, médicos, servicios financieros, telecomunicaciones, medios de información, gasolineras, recolección de basura, hoteleros, restaurantes, siempre y cuando no correspondan a espacios cerrados y con aglomeración...

Apago la tele. Todos hablan de lo mismo. Virus. Virus en CNN. Virus en Discovery Channel. Virus en Mtv. Dejo a Moura de fondo y enciendo un cigarro. Le doy dos pitadas y lo entierro junto a los cadáveres de veinticinco colillas que decoran el cementerio en el que se ha transformado mi cenicero.

Creo que estoy algo ansioso. Todo esta situación me saca de mis casillas. Este bombardeo mediatico. Gripe porcina hasta en la sopa.

Decido ducharme porque me siento sucio como un cerdo. Mientras la ducha escupe un hilo ínfimo de agua sobre mi alterada cabeza no puedo dejar de pensar e imaginar todo tipo de escenario. ¿Será este el comienzo del fin?. ¿La gripe porcina es una forma sutil de hacernos mirar para otro lado mientras la crisis económica se cobra mas victimas que el mismo virus?. ¿Me estoy quedando pelado?.

Mientras me seco la entre pierna tengo una revelación. Dos en realidad. Una un poco mas determinante que la otra. Me estoy quedando pelado y la culpa la tienen los medios.

Dicen que la culpa no es del mensajero pero prefiero tomar mis recaudos. Llamo al ejercito de salvación y hablo con un tal Jorge. Combino con ellos para que se lleven todo aparato que pueda servir como instrumento para que el mensajero entre a mi casa.

Porque, al final de cuentas, el verdadero virus es ese. La verdadera pandemia es la manipulación.

No me quedo con nada. Vuela la tele y la radio. A Don Mario, el dueño del puesto de revistas, le pido que deje de mandarme el diario. Doy de baja el servicio de internet ,el teléfono y el maldito celular.

Me transformo en una isla. Me pongo un barbijo mediatico para que no me afecte la realidad con la que nos escupen a diario.

En la calle esquivo toda fuente de contagio. No levanto la vista para leer titulares de diarios en los puestos de revista. Le pido al taxista que apague la radio cuando viajo. Cambio rápidamente el eje de la conversación cuando alguna persona comienza a hablarme de "la realidad". Nuestras charlas se centran en lo rico que estuvo el almuerzo y en lo hermoso que estuvo el día.

La gente cree que estoy enfermo. Pero no se dan cuenta que los enfermos son ellos.

La verdadera vía de contagio no es respiratoria.

(sigue)

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viernes 17 de abril de 2009

La terminal


Duerme tan placidamente que me genera cierta incomodidad despertarlo.

Llegamos a la terminal y en el vagón sólo quedamos nosotros dos.

La gente bajó con la misma despeseración con la que subió en sus respectivas estaciones, como una estámpida de bufalos acechada por leones.

En Buenos Aires no hay bufalos pero evidentemente si hay demasiados animales sueltos.

Ninguno se tomó la molestia de siquiera palmearle el hombro para avisarle que estabamos en la terminal. La gente es como esos pollos a los que les cortan la cabeza. Corren sin saber realmente para que y hacia donde.

El hombre está muy bien vestido y lleva un maletín sobre sus piernas. Lo unico que desentona es su barba desprolija.

"Señor?...perdón...señor?...llegamos"

Levanta lentamente su cabeza, me mira, mira el reloj, mira por la ventana y me sonrie.

Pero no se mueve.

"no" me responde con un hilo de voz casi imperceptible. "Todavia no hemos llegado"

"No te molestes" me dice el conductor del tren mientras cierra la puerta de su cabina.

"Lleva dos meses ahi sentado, yendo y viniendo de terminal a terminal, repitiendo que todavia no hemos llegado. A mi me parece que anda mal de la cabeza."

Tanto me distraje con el asunto de este buen hombre que se me cerraron las puertas en las narices y el tren se puso nuevamente en marcha. Maldije mi suerte y maldije a la madre que me remil parió.

Me senté frente al tipo que no se baja nunca del tren esperando llegar a la primera estación para poder tomar el tren de vuelta a la terminal.

De pronto y mientras el tren pasaba por el tunel de la calle 35 y mientras todo se teñía de negreo en el vagón se pudo apreciar...

(¿sigue?)

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jueves 16 de abril de 2009

La 31


La 31, como se conoce al asentamiento de la zona de Retiro donde hoy viven 30000 almas, es una colección de sueños truncos. Una torre de Babel donde todos los días pasa algo extraordinario.

Como anoche cuando el partido de fútbol de la canchita de tierra, ubicada en el centro geográfico de la villa, se puso aspero y los pibes cambiaron pelota por balas.
Dos a dos terminaron. Cuatro que lograron el sueño de cada habitante de la 31. Salir de la villa.

A un par de cuadras, en el "templo", se juntan todos los domingos un puñado de fieles a cantar y rezar con una pasión irritante, particularmente para Juan que vive enfrente y no puede ver en paz su partido de fútbol. Todos le piden al Señor lo mismo. Poder salir de la 31. Una suerte de versión barata del american dream. El Señor, que ultimamente anda medio cansado y disperso, contempla el cuadro mientras escucha atentamente las plegarias de Juan para que su equipo gane.

Y así será por designio del Señor. A los 45 minutos del segundo tiempo le dan un penal, inexistente, al equipo local. En la 31 hasta los fieles hacen silencio. No corre ni el viento. Los pibes de la canchita, todos menos cuatro que van camino al hospital zonal, interrumpen su partido para ir volando a lo del Walter que tiene el LCD mas grande del barrio. Hay mas gente sentada frente a la tele que frente a la cruz del templo. Herejes.

El Señor hace rápidamente un censo para determinar, a ciencia cierta, a que porcentaje de la 31 va a hacer feliz con su decisión. 57% de la población es hincha del equipo local, 23% del equipo visitante y el 20% restante está pensando en cosas mucho mas productivas. Resuelto el dilema, el juez (el del partido) pita y el delantero convierte el gol.

Delirio en la 31. Se escuchan gritos por todas sus calles. Juan se asoma y le dedica a su vecino, Roberto, el gol de su equipo, no sin antes acordarse de la madre que lo parió y de cierta parte de la fisionomía de su hermana. Roberto no responde ya que está ocupado manteniendo relaciones sexuales con la mujer de Juan, la Susi, que aprovecha que su marido tiene una pelota de fútbol en la cabeza para sentirse mujer 90 minutos por semana.

Pasan cosas en la 31.

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lunes 9 de marzo de 2009

Contra las cuerdas


Cada vez que subo pasa lo mismo.Antes de que empiece ya se como va a terminar todo.

Esto se ha ido transformando en una tediosa ceremonia. Una rutina.

Gente gritando. Bramando. Sedientos de sangre y violencia. Como en el Coliseo romano vivando a los gladiadores mientras estos se despedazan entre sí.

Yo no soy un gladiador. Esto no es Roma. Soy un don nadie en quien sabe donde.

No me inmuto. No mas. No reacciono. Hace mucho que he dejado de hacerlo.

El griterío se diluye y sólo escucho mi suave respiración. La imagen de la gente agolpada se distorsiona. Son solo manchas. Parte del decorado de esta obra patética.

Suena la campana y ahora sí, se desata el infierno.

La tranquilidad que me envolvía segundos atrás se disipa y le da lugar al descontrol mas absoluto. Me transformo en una bestia. Un animal salvaje impulsado por su instinto más básico de supervivencia y tan sediento de sangre y de violencia como la gente que me rodea.

Soy resultado de lo que me dio la vida y la muy puta no me ha dado nada. Mas bien me ha quitado. Se llevó a mis padres en un accidente cuando yo tenía 5 años y a mi único hermano hace unos meses. Mi padrastro abusó de mí y me golpeaba todas las noches. Nunca tuve amigos. Nunca tuve nada. Soy una colección de cicatrices. Un ser que sufrió tanto que ya no sabe sufrir más. Ya no siente mas. Ya no es capaz de sentir dolor. Mi cuerpo borró ese reflejo.

Por eso estoy acá arriba. Recibiendo golpes. Cientos. Bebiendo la sangre que brota de mi rostro y gozándolo. Derecha. Izquierda. Izquierda. Mas me pegan mas disfruto. En eso me he transformado. En un masoquista que prefiere calzarse los guantes que la ropa de cuero negro. Soy como la bolsa de arena con la que practico todos los dias. Siento lo mismo que siente la bolsa cada vez que la golpean. Nada.

No logrará tumbarme. La vida no lo ha hecho menos lo hará él. Aunque lo hayan apodado Leviatán. Sera cuestión de tiempo pero el tipo va a caer.

Y así sucede. Exhausto por la tremenda golpiza que me propinó y manteniendo con dificultad el equilibrio, bastó con un gancho para derrumbarlo. Mucho menos de lo que necesitó la vida para tumbarme.

La gente aulla eufórica como animales salvajes. Yo lejos estoy de compartir su algarabía. Me pierdo por el túnel vomitando sangre y escupiendo dientes. Como cada noche de mi infancia.

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lunes 2 de marzo de 2009

Amnesia


Científicos en Estados Unidos han descubierto que un medicamento utilizado comúnmente para reducir la presión arterial podría ayudar a la gente que ha vivido situaciones traumáticas a olvidarlas. Sin embargo, algunos expertos se muestran preocupados por el posible abuso que pudiera tener un fármaco capaz de "borrar" los recuerdos. En otras noticias. Sigue el derrumbe de las bolsas en el mundo...

Apagas el televisor pero la noticia de esta droga sigue paseando por tu mente por varios minutos. Cuatro para ser exactos. La simple idea de manipular la memoria te parece escalofriante pero, a su vez, fascinante. Mientras juegas con el vino de tu copa fantaseas con los recuerdos de los que te encantaría desprenderte. Tu suegra, tu jefe, tu ex mujer y tus recurrentes problemas de disfunción eréctil.

Sin embargo entiendes que los recuerdos, todos ellos, los buenos y los malos, son los que te dan una identidad. Eres por lo que haces y ,principalmente, por lo que has hecho. No demasiado en estos años.

Esa noche sueñas con tu madre. Con tu infancia. Con tu primer beso. Con tu trabajo y con un simio jugando al poker. un verdadero carrusel de diapositivas. Tu vida en quinientas instantáneas. La mayoría tan tediosas que hasta tú te aburres.

A la mañana siguiente tras deleitarte con dos tostadas quemadas y un yogurth rancio, pasas, ansioso por la farmacia antes de ir, inexorablemente, a tu oficina.

Propranolol por favor.

Un viaje en metro mas tarde y sumergido en tu diminuto box lees, no muy atentamente, los efectos colaterales del medicamento. Desde muerte súbita hasta diarrea estival, la lista resulta mas larga que el petitorio para que liberen a Mandela.

Te tomas una y por las dudas dos más.

Deseas fervientemente que las pastillas comiencen a hacer efecto porque de la diarrea que te agarró prefieres olvidarte pronto.

Cuarenta y cinco minutos en el baño mas tarde vuelves a tu lugar de trabajo. Te sientas y la mente se queda en blanco. No sabes que es lo que tienes que hacer. Sin embargo no te entusiasmas demasiado porque no difiere demasiado de lo que suele ocurrirte todos los días. Nunca sabes lo que tienes que hacer.

Para media tarde la droga parece haber comenzado a hacer efecto. Olvidas almorzar, olvidas llevarle el informe a tu jefe y olvidas ir, lamentablemente para todos tus colegas, al baño.

Para las cinco el cuadro es lamentable. A el aroma que perfuma tu pantalón manchado se le suma el hilo de baba que pende de tu boca abierta. Un bebé dentando babea menos.

Tus compañeros miran atónitos sin animarse a acercarse demasiado.

(SIGUE)

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miércoles 25 de febrero de 2009

El grito


La vida es así.

Una maldita caja de sorpresas.

Lo último que recuerdas es el color rojo. Rojo como la bufanda que llevabas esa tarde, rojo como la luz del semáforo cuando cruzabas la calle, rojo como el charco que haciá tu sangre luego del impacto.

Un instante. Nada. Un segundo. Un suspiro.

Gente que se agolpa. Gritos. Sirenas. Llantos.

Mamá luce terrible. La entiendo. Verme así. Llena de tubos y con un respirador. No me sale una sola palabra. No puedo hablar ni moverme. Sin embargo los escucho tan claramente.

Afuera nieva. No siento frío. No siento nada. Mamá me mira con una mirada vacía. Una mezcla de desesperanza y dolor. Me cambian el suero.

Parpadeo y afuera ya no cae un solo copo. Esta tarde al cielo lo pintó Munch. Mamá luce muy desmejorada y ya no me lee mas el diario. ¿Sabrá que la escucho?.

Vuelvo a cerrar los ojos y mamá y la tarde lucen distintas. Como si estuviera pasando diapositivas. Ella tiene mi bufanda roja puesta y afuera está nevando de nuevo. Finalmente logro entender que lo que pasa cada vez que cierro los ojos es la vida.

A Mamá ahora se le dio por leerme la Biblia. Si pudiera mover la mano le pegaría.

Me río. Por dentro claro. Si no puedo mover un sólo músculo. Si estoy enjaulada en mi cuerpo. En mi cabeza. Sin poder decirles como me siento. Sin poderle decir a mamá que la quiero, que la necesito, que me abrace.

Escucho un ruido ensordecedor. Explosiones y luces afuera. Música. Risas. Otro año nuevo. Ya perdí la cuenta. Mamá hoy no vino. La entiendo. Ultimamente no estoy muy dicharachera.

Mamá y el cielo lloran torrencialmente. Hace un rato que está hablando con el médico. Me mira como hace tiempo que no lo hacía. Dolor y culpa. Me da un beso en la frente y me susurra al oído que me ama. Se levanta y se va de la habitación sin dejar de mirarme. Como disponiéndose.

Mamáaaaa. Grito. Pero la jaula es muy grande. Nadie me escucha allá afuera. ¿O si?

Tras 17 años encerrada, mamá entendió que era demasiado. Trajeron la llave, abrieron mi jaula y me fui volando.

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martes 24 de febrero de 2009

TECHNICOLOR


Nunca habías visto tantos colores juntos. Definitivamente nunca. Tan intensos que invadían todos y cada uno de tus sentidos.

Tonos que se transformaban en notas que a su vez parían melodías. Pigmentos que se convertían en aromas deliciosos. Invadido. Conquistado. Arropado por la luz de mil colores.

De pronto todo se va tiñendo de negro. Como si una bandada de cuervos brotara de la nada. Los colores se disuelven. Se derriten como velas. Las fragancias devienen en olores inmundos. Todo sumido en la oscuridad mas profunda.

Un zumbido termina de demoler el ultimo trazo que aún no habían devorado los cuervos.

Son las ocho de la mañana. Lo que apesta es tu cuarto y lo que suena tu despertador.

Te frotas los ojos todavía extasiado por el paseo por el que te ha llevado tu mente. Tan viva ha sido la experiencia que no logras contener el llanto.

Y te ríes. No mucho ni muy fuerte. Hace rato que no lo haces.

Si los sueños tuvieran directores al tuyo lo hubiese dirigido definitivamente Kurosawa.

La habitación está oscura. Cerrada. No se ve absolutamente nada.

Te levantas con dificultad y vas tanteando el mueble hasta dar con tu bastón.

Con un movimiento firme lo extiendes y te sumerges, nuevamente, en tu laberinto.

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lunes 23 de febrero de 2009

The American Way


La vida en Chakhansur es lo mas parecido a la muerte. El tiempo parece haberse detenido hace muchos años. El tiempo, simplemente, ya no pasa por Chakhansur.

Pero no sólo el tiempo los ha olvidado.

Rara vez llega alguien a sus diminutas calles. Los mas memoriosos recuerdan, con dolor, que el ejercito soviético pasó, esporádicamente, por Chakhansur. Como una estrella fugaz que ilumina brevemente el cielo. Como una alucinación. Como un paréntesis en la monotonía letárgica de esta gente.

Hasta hoy.

La ya iluminada noche Afgana se llenó aún mas de colores. Diminutos puntos que iban creciendo mientras se acercaban.

Los niños salieron corriendo de sus casas ante este inusual espectáculo. Los mayores, testigos de este tipo de ceremonias, los perseguían desesperados para llevarlos dentro.

La luz se transformó en sonido. En cuestión de segundos llovían misiles en Chakhansur. Lo único que había llovido en años. A cada explosión le seguía un coro desafinado de llantos. Niños y mujeres en un grito ahogado por el rugido de las bombas. No quedó nada en pie. Ni las precarias casas ni sus moradores.

La lluvia cesó. Las luces se fueron perdiendo en el horizonte. Como una tormenta.

Chakhansur volvió a detenerse en el tiempo. Herida de muerte.

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martes 17 de febrero de 2009

Adentro de la Jaula (continuación de Jaulas)


Suicidarse es desafiar a la vida. Provocarla.

Ganarle de mano. Decidir cuando se termina todo antes que lo decidan por uno.

Es un acto tan asquerosamente cobarde como estupendamente valiente. Ser lo suficientemente débil para bajar los brazos y lo suficientemente corajudo como para arrojarse al vacio.

El suicida es un tipo ansioso. Un ser angustiado que no puede tolerar estar un minuto mas entre nosotros y decide pasarlo entre los otros.

¿Quien te apura?

Ni bien vi pasar el cuerpo de Esteban por la ventana del consultorio sabía que pronto le seguiría los pasos. Irónico. Justo a él que nunca había caminado, que siempre había estado postrado en su silla de ruedas, a él iba a seguirle los pasos.

Yo que pensaba que estábamos progresando. Yo que no supe entender la metáfora de la jaula. De su maldita obsesión con ser prisionero de su cuerpo inmóvil.

Tocan a la puerta. Las sirenas de la policía aullan como perros de caza. Yo soy su presa. Pero mi cabeza no va a decorar la habitación de nadie.

Abajo Esteban me espera con los brazos abiertos. Abiertos por las fracturas expuestas. Expuestas como mi incompetencia.

Cuando logran entrar a mi consultorio ya es tarde. Ya dí el ultimo paso.

Dicen que antes de morir nos invaden imágenes de nuestra vida. Diapositivas. Una sucesión de recuerdos de lo que fuimos y de lo que pronto dejaremos de ser.

A quien le sirva, sepan que no es así.

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lunes 16 de febrero de 2009

Estela


Con una puntualidad enfermiza entra a la pieza donde ya lo estoy esperando, como todas las noches, con un mate.

En un punto es lógico.

El tipo está muy solo y hace años que no vienen a verlo.

Me cuenta, nuevamente, lo mucho que extraña a su mujer. De lo perdidamente enamorado que está de ella. Yo lo escucho. No con la atención de las primeras noches pero sí tratando de darle algo de ánimo al pobre tipo.

Lo veo muy desmejorado y a medida que pasan los días este deterioro se hace mas evidente. Su ropa desteñida se asemeja a la de la pobre gente que duerme en las calles. La expresión de su rostro es el fiel reflejo de la angustia que lo envuelve.

Me da pena.

Al rato, como todas las noches, se levanta, acomoda su saco, me agradece y se retira, sumido en su dolor, silenciosamente.

La ceremonia podrá repetirse mil veces pero siempre me toma un par de minutos recomponerme. Tiene tan metido el dolor en los huesos que me termina contagiando.

Algo tengo que hacer para ayudarlo.

La noche siguiente vuelve a aparecer por la pieza. Puntual como siempre. Pero esta vez me tomo el atrevimiento de cambiar el libreto. Le pido, muy respetuosamente, que me deje hablar con Estela, su mujer. Que tenga la amabilidad de darme su número de teléfono como para poder llamarla y así poder animarla a que venga a verlo después de tantos tiempo.

Con los pocos dientes que le quedan me esboza una sonrisa y me da el número de la casa de su mujer. Se mira frente al espejo y trata, con los pocos pelos que también le quedan, de peinarse y ponerse un poco mas presentable. Antes de irse me abraza con fuerza, como queriendo agradecerme o como sabiendo que no nos volveríamos a ver nunca mas.

Me costó mucho convencer a Estela para que venga a ver a su marido. Ella guarda también en ese hilo de voz una angustia tremenda. Sin embargo, llorando, me promete que pasará el día siguiente.

Puntual como su marido llega a las doce. Sigue guardando en su mirada el brillo del que tanto me habló él. Lleva con ella un hermoso ramo de flores.

Se me escapa una sonrisa estúpida. Un reflejo. Un cierto dejo de alegría.

La acompaño, lentamente, siguiendo su andar cansino hasta donde la espera, ansiosamente, su marido. Los dejo solos. Por respeto. Para que puedan hablar finalmente tranquilos.

Estela se inclina, deja las flores y le da un beso, lleno de nostalgia, a la lápida de su marido.

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viernes 13 de febrero de 2009

Sueños rotos


Una a uno fueron levantando la mano. Sus rostros iluminados reflejaban una alegría y un entusiasmo dignos de aquellas personas que todavía no se han dado la cabeza de frente con lo que algunos llaman realidad. Una felicidad virginal recorre sus pequeñas existencias.

¿Y tú Jesús? ¿Que quieres ser cuando seas grande?- Pregunta Margarita, la maestra de primero.

El niño hace una mueca que busca reflejar un aire de meditación. Su respuesta sin embargo carece de originalidad y de ambición. "Policía" vomita su casi imperceptible voz.

El resto del rebaño aguarda ansioso su turno. Ese momento crucial en el que, supuestamente, comienzan a definir sus flamantes vidas. En el que fantasean con alguna estupidez que han visto en la tele o que han oído de sus padres.

Como Jeremy que, ante la carcajada generalizada de sus compañeritos de grado, confesó tener ganas de ser un Power Ranger Azul cuando fuera grande.

O como Brenda. Intoxicada ya por la imbecilidad y la profesión de su madre, buscando seguir con un patético legado generacional. Wedding planner.

Justo cuando le llegaba la oportunidad a Francisco, un chico tan tímido que rozaba con lo autista, la puerta del aula se abrió de golpe.

"Yo quiero ser..." decía con entusiasmo el infante cuando la primera bala le perforó el pecho. Y no fue nunca mas nada.

Todo sucedió tan de prisa que nadie atinó a hacer absolutamente nada. Los niños iban cayendo como marionetas sin hilo. Sus pequeñas humanidades, tibias, con una última expresión de horror, encimadas en el piso del aula.

La ultima bala se la guardó para él. Sumido en una depresión tan profunda y obscura como su mirada había decidido hacer algo por lo que, finalmente, alguien lo tuviera en cuenta. Abrió la boca ante la mirada perdida del puñado de sobrevivientes, introdujo el arma y terminó de decorar el aula con su masa encefálica.

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lunes 9 de febrero de 2009

Nueve Once


Hay días en los que todo sale mal. Sino preguntenle a Leonard P. Brown.

Pasó todo el fin de semana, sin dormir, preparando una presentación para las jornadas de las que participaría en San Francisco, sobre Coloproctología, el miércoles siguiente. Una especialidad siempre vigente y por la cual Leonard ha sido siempre blanco de todo tipo de bromas. No es para menos. ¿A quien en su sano juicio puede gustarle andar hundiendo sus dedos en rincones recónditos ajenos?.

A punto de terminar su power point emergió la fatídica ventana en su pantalla que rezaba: El programa No Responde. Mientras reiniciaba la notebook se acordó de Bill Gates y de toda su familia. Especialmente de la madre que lo parió. La mala costumbre de Leonard de no ir grabando los avances de su documento lo condenaron a tener que volver a empezar de cero.

Extenuado y todavía enfurecido con el Señor Gates, Leonard se metió en la cama y, como casi todas las noches, soñó con anos y próstatas. Un sueño de mierda que se vio interrumpido por los gemidos que emitía su vecina y que bajaban con una cadencia enfermante por el pulmón del edificio. Cuatro orgasmos mas tarde logró conciliar el sueño.

Se levantó pero no se despertó. Prueba de ello fue que orinara sin levantar la tapa del inodoro. Solo cuando salpicó sus pies con su orina abrió los ojos con tal vehemencia que casi se le salen. Se metió a la ducha y recordó, tarde, de la nota que le había dejado el portero por debajo de la puerta en la que le avisaba que por razones de mantenimiento iban a cortar el suministro de agua esa mañana. Se acordó de la familia del portero y muy particularmente de la madre que lo parió.

Trató, en vano, de disimular el hedor que expedía su sudoroso cuerpo bañándose en el perfume barato que le habían regalado sus compañeros de oficina. La mezcla de aromas de la colonia y la transpiración eran francamente insoportables. El mismo lo percibía. Le lloraban los ojos. No tuvo mas alternativa que sacar agua del único lugar de donde podía hacerlo. El inodoro.

(SIGUE)

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viernes 30 de enero de 2009

Jaulas


A fin de cuentas eso somos. Cada uno de nosotros. Jaulas. ¿Entiende?

¿Jaulas?. No, no te entiendo.

Veamos. ¿Como puedo ser mas claro?. Mi piel. Claro. Eso. Mi piel es mi jaula. Mi mente, mi conciencia están atrapadas dentro. Es lo que no me deja salir.

¿Salir?. ¿A donde quieres salir?

De mi jaula. De la condena de estar atrapado en este cuerpo.

Entiendo. Bueno lo seguiremos hablando el martes que viene. ¿Sí?

No.

Asfixiado por la tortura que representaba su jaula decidió abrirla. 16 pisos mas tarde encontró la llave. En la terraza su silla de ruedas que lo había acompañado tantos años, recostada, era el único testigo de su liberación

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miércoles 28 de enero de 2009

Lista de espera


Quiso el destino, el creador, la suerte o quien ustedes consideren santo de vuestra devoción, que a Juan Perez le fallara el corazón. Justo el día del casamiento de su hijo mayor. Un verdadero aguafiestas. Estaban por bailar el insoportable vals y ya traspiraba profusamente. Era casi desagradable ver como su camisa se empapaba en sudor ante la atenta e incomoda mirada de su señora esposa, Mirta, que pensaba en lo mal que saldría eso en las fotos de la fiesta. Como si su ridículo vestido rojo fuera a marcar tendencia.

Los Perez eran lo que la Real Academia Española define como unos reverendos hijos de puta. Gente sin códigos ni escrúpulos. Gente que, a pesar de llenar un salón con 250 personas para el casamiento, no tenían un sólo amigo. Así de mierda eran los Perez. De todos, Juan era, sin dudas, la lacra mayor. Un narco de segunda venido a menos. Un hombre que nunca ganó un peso honradamente y que cargaba encima con una colección de viudas y huérfanos.

La justicia divina ya lo había notificado por carta documento un par de meses atrás cuando le agarró un fuerte dolor en el pecho. Juan, agobiado por sus actividades delictivas, hizo caso omiso, no dio acuse de recibo y siguió profesando una vida de excesos. Hasta ese momento.

Cayó redondo sobre la mesa dulce. Los gritos de desesperación se multiplicaban y se iban propagando como el fuego a lo largo y a lo ancho del inmenso salón. Nunca se supo si estos respondían al infarto de Perez o al hecho que, el muy hijo de puta, había dejado sin postre a 250 personas. 249. El no iba a comer mas nada.

Javier, hijo del hijo de puta, no salía de su asombro. Muchísimo menos Fernanda, su flamante esposa, que había sufrido una lipotimia y había sabido caer, para fortuna de los presentes, en los brazos de su padre. El DJ, quien había tenido que ir de urgencia al baño por una inminente descompostura estomacal, dejó programada la música y jamas se enteró del escándalo. Mientras la gente, consternada, no sabía si seguir comiendo o retirarse, se escuchaba de fondo a Rafaela Carrá aullando "Fiesta...que fantástica, fantástica esta fiesta...". Irónico.

La ambulancia llegó cuando los mozos, con movimientos sincronizados dignos de el lago de los cisnes, retiraban, apurados y para desgracia de los invitados, los platos de las mesas. El DJ volvió mas aliviado del baño y desconectó los parlantes antes del carnaval carioca. La fiesta había dejado de serlo hacía un rato largo. Los invitados se acercaban a saludar a Mirta Perez como quien le da sus condolencias a la viuda. Los novios lloraban desconsolados. No por la suerte de Juan sino por la mala suerte suya. Meses y meses preparando la fiesta para que en catorce segundos se les vaya todo por el retrete (incluido a Juan).

Camino al hospital lograron reanimarlo y estabilizarlo tras practicarle mas maniobras que las que ilustra el mismísimo Kamasutra. Mirta, la mujer, lloraba. Nunca se supo si de alegría por ver a su querido esposo recuperar el color de su rostro o de tristeza por ver como se alejaba, rauda y al galope, la fantasía de heredar el imperio de Juan.

En el salón, una vez levantados los postres de la mesa dulce que habían pasado a decorar la pista de baile, Fernanda, recuperada de su desmayo, y presa de un brote psicótico, cerró las puertas del salón de fiestas, sin dejar salir a los invitados. "De aquí no sale nadie" gritó mientras le salía espuma por la boca y fuego por los ojos. "Esto recién empieza" continuó.

Javier ,hijo del hijo de puta, no sabía si reír o llorar. De la bandeja de uno de los mozos ,que creía haber visto todo en la vida hasta ese día, arrancó una botella de champagne. La besó como nunca besó a su mujer y bebió, sin respirar, hasta la ultima gota. Acto seguido arrojó la botella contra su pastel de bodas y arrancó de cuajo a los muñequitos de los novios. No conforme con el espectáculo dantesco, sustrajo del bolsillo de su smoking un revolver calibre 38 y, cariñosamente y hasta con un dejo de erotismo, se lo introdujo en la boca al DJ. "Vamos a bailar" le susurró al oído al DJ, que para ese entonces se había orinado encima, dos veces. Nunca en la historia de las fiestas de casamiento tanta gente bailó e hizo tan prolija la coreografía de YMCA de los Village People.

En el hospital otro era el baile. Juan extrañado por la ausencia de su hijo Javier se escarbaba la nariz. Mirta, afuera, hablaba con el cardiólogo.

- Señora, su marido necesita con urgencia un transplante. Su presión arterial está descontrolada y no sabemos a ciencia cierta cuanto logre aguantar.

Mirta se mordió tan fuerte el labio para no reírse que se cortó la lengua. Tragó su sangre y con esfuerzo convenció a las glándulas lacrimales para que expulsen un par de gotas. Dos lágrimas recorrieron su operado rostro.

- Su marido está en lista de espera para recibir un corazón, un hígado, un riñón y parte de los intestinos.

A Mirta se le hizo agua la boca. Tantas achuras juntas le abrieron el apetito y le hicieron recordar que no había probado bocado en la fiesta.

Volvió a la habitación y le comentó a Juan lo que le había transmitido el doctor. Su esposo, imperturbable, tomó su teléfono celular y llamó a "Guadaña", su hombre de confianza, el tipo que le hacía el trabajo sucio.

"Guadañita, compadre. Pues resulta que estoy en una lista de espera y tu sabes que a mi no me gusta aguardar. El Doctor dice que estoy cuarto...Eso mismo Guadañita. Usted si que me entiende, no como la tarada de mi esposa"

La lista de espera, documento hiper confidencial, no tardó en llegar a manos de Juan Perez. Todos, dicen, tenemos un precio. No fue la excepción el responsable del departamento de donantes del Hospital de la Santísima Trinidad, que, curiosamente, se encuentra en viaje hacia bahamas.

El plan era simple. Había que limpiarle el camino a Juan. Allanarlo. A final de cuentas ¿a quien le gusta esperar?. El numero tres de la lista tuvo la gentileza de no aguantar en terapia intensiva, mientras esperaba un riñón, cediéndole así su lugar en la lista a Juan. El numero dos corrió la misma suerte. Ayudado por Guadaña que le desconectó el respirador. Con el numero uno la historia fue distinta.

Jesús Olivera era un niño de tan sólo 4 añitos. Su rostro angelical estaba en todos los medios del país. En el borde izquierdo del televisor mostraban los días que llevaba esperando un donante. Jesús, como el hombre de hojalata, necesitaba un corazón. La diferencia con OZ es que aquí no había magos y que el chico se estaba muriendo. Se hacían cadenas de oración, misas, campañas de concientización... Y aun así no aparecía un donante. Tanta gente con corazones tan grandes y con tan pocas ganas de compartirlo.

Juan Perez desafiaba al mismísimo Jesus. El señor de la heroína rompería todas las cadenas, incluidas las de oraciones, por hacerse de un corazón. Justo él. Un corazón para un desalmado.

A Guadaña no le tembló el pulso. Ni siquiera cuando Jesús levantó la cabeza al escuchar un ruido en su habitación, creyendo que entraba su madre con la medicación. La pared con dibujitos de Disney se tiño de rojo. Las quince mil cartas de apoyo que le habían mandado se llenaron de sangre. Su corazón, pequeño y frágil, dejó de latir.

Juan Perez era, oficialmente, el nuevo numero uno en la lista de emergencia nacional. El cerdo, para desgracia de su mujer, se había salido con la suya. Al menos eso creía.

Guadaña entró a su habitación y besuqueándole la frente, con gran tranquilidad, amablemente, le fajó treinta y cuatro puñaladas.

Su madre estaba segunda en la lista y a nadie le gusta esperar. ¿No?

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martes 27 de enero de 2009

Confesiones



...Oh Señor Jesucristo, Hijo de Dios vivo,que, por voluntad del Padre y con la cooperación del Espíritu Santo, diste la vida al mundo por tu muerte: librame, por tu sagrado Cuerpo y Sangre de todas mis iniquidades y de todos los demás males, y haz que cumpla siempre tus mandamientos y no permitas que jamás me aparte de Ti, quien siendo Dios, vives y reinas con el mismo Dios Padre y con el Espíritu Santo, Por los siglos de los siglos. así sea...

El sacerdote levanta la vista y recorre, desanimado, con la mirada su despoblada Iglesia. Un puñado de fieles lo acompañan, como cada domingo, religiosamente. Cada vez menos.

Las lluvias que han castigado a Tegucigalpa estos días no han ayudado demasiado a que la gente se acerque a celebrar la misa. Sin embargo, íntimamente, él sabe que no son factores climáticos los que alejan a la gente de la casa de Dios. ¿Sino como se explica que a dos cuadras de la Iglesia de San Francisco, en la Iglesia Universal del Reino de Dios, no quepa un alma?.

Los nunca mejor llamados fieles se acercan a recibir el cuerpo de Cristo. Mecánicamente, el sacerdote les entrega las hostias a sus devotos seguidores mientras recita, con desgano, palabras de esperanza.

Tras tener que escuchar por enésima vez a la señora Consuelo y a su colección de pequeñas tragedias, cierra finalmente las puertas de la Iglesia. Una a una va apagando las velas que adornan e iluminan las figuras de todos los Santos. La iglesia va quedando en penumbras, como su alma cansina.

En el altar levanta la copa y bebe lo que ha quedado de la sangre de Cristo. Disimuladamente, como temiendo ser observado, vuelve a llenarla y vuelve a vaciarla. Así tres veces mientras observa con cierto resentimiento al Cristo clavado en su cruz. Afuera llueve torrencialmente y, sin embargo, la gente sigue llegando, para su desilusión, a la Iglesia Universal del Reino de Dios.

¿Que estamos haciendo mal? - le pregunta al Cristo. ¿Porqué la gente nos ha dado la espalda? ¿eh?. Dime. ¿Porqué van, enceguecidos, en busca de un milagro con la gente de esas sectas? ¿Ya no creen en ti o eres tú el que ha dejado de creer en nosotros?Dime. Por favor dime.

Cansado de esperar una respuesta, el sacerdote se retira a su habitación buscando algo de la paz que no lo ha rodeado todo este tiempo.

Su sueño se ve rápidamente interrumpido por un ruido infernal que parece provenir de la nave de la iglesia. Primero el sonido del metal contra el suelo. Estruendo que se repite en tres oportunidades. Luego un crujido y luego el silencio.

A la mañana siguiente el sacerdote, cansado de la ceremonia en la que se ha transformado su vida, demora unos minutos mas en levantarse de su cama. Impulsado por la energía que derrochan los tres fieles que todavía lo acompañan, se levanta y anda.

Comienza a encender una a una las velas, como todos los santos días. Al llegar a su altar y al pie de la cruz encuentra tres clavos de hierro. Levanta la mirada y , atónito, contempla que el Cristo ya no estaba en su cruz.

Él también ha dejado de creer en nosotros.

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viernes 23 de enero de 2009

La Junta


Alguna vez ha oído a la gente decir que tal persona era un adelantado para su época?Que era un genio incomprendido? Que tenía una visión de las cosas que no eran las de su tiempo?

Qué demonios quiere este tipo? Por qué me pasan a mí estas cosas? Eh,por qué? Yo no me meto con nadie. Solo quiero tomar mi trago en paz. Acaso es mucho pedir?

Me está prestando atención?

No

No me haga repetir las cosas. Es importante que entienda lo que te estoy diciendo.

Por qué insiste?

Hipócrates, Pitágoras, Aristóteles, Arquímedes, Copérnico, Da Vinci, Galileo Galilei, Isaac Newton...Me sigue? Sabe que tenían todos ellos en común?

Nombres ridículos? Dios!. Dejame terminar mi Bloody Mary

Eran transplantados. Entiende? Elegidos. Gente con una inteligencia superior a la de la media pero lejos de ser excepcionales.

Transplantados?

Todavía no lo ve? Me parece que se han equivocado con usted. No es el tipo brillante del que me habló la Junta.

Junta?. Este tipo me está cansando.

Se lo explicaré como le explicamos a los niños. Como le tuve que explicar a Wolfgang.
La idea que estos "genios" parecen no cuadrar con su tiempo es, básicamente, por eso.
Ninguno de ellos nació en el tiempo en el que vivieron y brillaron con sus descubrimientos y creaciones. Nosotros los pusimos ahí. Los transplantamos.

Esto es demasiado.

Acaso pensaba que Da Vinci podía tener una visión tan vanguardista? Que las leyes de Newton eran de Newton? Que la teoría heliocéntrica era fruto del saber de Copérnico?
Vamos. No pueden ser tan incrédulos. Cada tanto la Junta transplanta a ciertos individuos para que la humanidad pueda dar un salto cualitativo. Digamos que les estamos enseñando a caminar. Preparándolos para lo que viene. Venimos haciéndolo desde siempre y lo seguiremos haciendo hasta que ya no nos necesiten. Hasta que puedan andar solos.

Por primera vez en toda la charla levanto la mirada de mi vaso, ya vacío. O este tipo está más loco que una cabra o tiene una imaginación digna de Julio Verne. Julio Verne. No. No me digas que él también?

La Junta me ha encomendado venir a buscarlo. Su ausencia pasará inadvertida en 1999. No tiene familia y tampoco demasiados amigos que puedan notar su partida. Solo dos o tres cuestiones menores que otros colaboradores solucionarán.

Su descripción de mi patética soledad me pegan de lleno. Pero mas me sorprende su conocimiento acerca de mi persona, mi entorno y mis lamentables costumbres.

Vinimos a transplantarle. Necesitamos corregir algunos errores. Algunas cosas que se han salido de cauce. Equivocaciones entiende? Cosas que la Junta no puede dejar pasar de largo.

Vine a llevarlo, Albert. Lo necesitamos en 1905.

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